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soly anidjar
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chef Una vez en Bagdad………….1

le Lun 4 Mai - 17:22:04
Una vez en Bagdad………….1

» A su Bagdad no la ve ya hace casi sesenta años. Pero es un río – el Tigris- quien provoca su nostalgia.

“Lo extraño. Extraño verlo correr y también ver como se secaba y solo quedaba barro en sus orillas”, dice Sami Michael. Sentado en el salón de su casa de Haifa, en uno de aquellos palacios que desde el Carmel se aproximan al Mediterráneo, mira ese otro agua, el del mar gris por la lluvia. Nacido en las proximidades de un río, sin embargo es diferente. “Es que en el Tigris me bañaba y fue en un puente sobre el Tigris que he dado mi primer beso”. . . Sobre un puente sacudido por la muchedumbre y por el río que pasa, la protagonista que da el título a la novela, Victoria es una judía de Bagdad. Escondida por un amplio velo negro de acuerdo a las costumbres sociales, está encerrada en un dolor indecible por otro personaje central de la novela, Rafael, el hombre que en el patio de familiar, - el escenario de una epopeya cotidiana – rompe con las costumbres, trae la revolución, señala la apertura del judaísmo iraquí a lo nuevo.

Victoria hubiera querido suicidarse, en el Tigris, y olvidar el amor, los celos y finalmente el odio que la tenía ligada a Rafael, en Bagdad, en aquella casa en que como primos, habían nacido y vivido, hasta la casa de reposo en Israel, sesenta años después.

Del Tigris hasta Ramat Gan, Michel recorre en esta novela, que ha decretado su éxito en el mundo anglosajón como una suerte de Buddenbrok del judaísmo iraquí, no solo la saga de una familia. Muestra también un amor moderno, el pasaje de una sexualidad humillante para las mujeres, a la alegría infinita de hacer juntos el amor. Ese placer que Michael debe explicar, por ejemplo, a su abuelo, convencido de que las mujeres no experimentan el placer y son como Najiah, la madre de Victoria. Una mujer mala y resentida, sin cariño hacia sus hijos y maltrada y vejada sexualmente por su rústico marido.

Ironía de la suerte, los sesenta años de la historia de Victoria, Rafael y de su gran familia, trascurren también en la vida de Sami Michael. Que en estos días, a casi sesenta años de su fuga, vuelve a Bagdad al menos virtualmente. . . La sola idea lo conmueve, mientras guarda la copia en árabe de su novela apoyada sobre la mesita del salón. Una foto de época y los recuerdos de Michael surgen del pasado.

Primero la de un “niño vagabundo” que con los zapatos en la bolsa recorría los barrios musulmanes de la capital iraquí, luego el perseguido político en Iraq, y finalmente un personaje incómodo en Israel. Michael reinvidica como su mayor riqueza las varias identidades que lleva dentro de sí. Árabe judío, patriota iraquí, laico del Medio Oriente, catapultado en 1949 hacia Israel para huir de las redadas contra el partido comunista iraquí del cual era uno de sus líderes.

Luego fue un escritor autodidacta en hebreo no obstante que su lengua materna es el árabe. Es combatiente por los derechos civiles de los israelíes, palestinos, gay e inmigrantes. Se rehusa a colocarse dentro de una etiqueta. O de una camiseta. “A veces pienso que soy un pájaro, que vuela de una parte a la otra sin identidades nacionales, un emigrante”. La mirada al mismo tiempo profunda y tranquila de Michael se pierde en el recuerdo de una juventud intensa en Bagdad.
”Ya en mi casa había comenzado a ser un emigrante. Cuando llevé a Jack London y Lev Tolstoi a un ambiente muy tradicional como era mi familia. Lo mismo – por otra parte - que describo en Victoria. Yo he sido como Rafael: era aquel que cambiaba las cosas, casi como Rafael, que se presenta un día en su casa vestido al estilo occidental, lo que marca el cambio para la comunidad judía de Bagdad: de una comunidad muy cerrada, a una abierta a las influencias externas, también a las europeas”. Rafael, como Sami, leía libros, su salvoconducto hacia la modernidad.
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